Me poso en una arco iris para dispersar mis ideas, y con tan solo un cerrar y abrir de ojos, todo va de prisa, me detengo a admirar y a sentir el viento que acaricia mi rostro, y entiendo una vez más que puedo transformar mi horizonte y junto con las nubes poder moldear y tener el don de crear gracias a esa bendita y pura divinidad, en la cual invento y pinto mi realidad, pero una vez más, debo volver y a desconectarme de mi espiritualidad para reencontrarme con este consenso, a ese que llamamos realidad.

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